CURADURÍAS

METÁFORA DE ACCIÓN. EL TRABAJO DE LOS ARTISTAS _ MUSEO GENARO PÉREZ. 2010

METÁFORA DE ACCIÓN

José Pizarro



Cultivo el odio a la acción como una flor de invernadero. Me jacto ante mí mismo de mi disidencia con la vida.

Fernando Pessoa
Libro del desasosiego


José Quinteros

  El destino vulgar de las personas (trabajando) coexiste con el destino final de los dioses (que no necesitan dinero). Claro que bajo una necesidad humana imperiosa de encontrar sentido a la tarea de los procesos y el reconocimiento social, el trabajo aduce (apunta) con claridad sobre su rol ejemplificador para la mayoría e insita a la idea de que bajo un fuerte deseo de ser algo físico adquiere un gesto de nobleza de la acción.


  El trabajo de los artistas presupone, antes que nada, la prueba de que la esencia de algo invisible puede presentarse en cualquier momento. Dispuesto en contenidos eventuales repletos de materialidad. En medio de esa tarea la acción emprende un laxo compendio de aciertos y despropósitos. Unidos a la sospecha de que bajo la inercia de lo histórico contemporáneo el trabajo es un recurso que arrastra líneas esenciales ya pasadas y en desuso. En un principio el arte moderno necesitó conformar una fuente de estilo ligado al invento y a la versión original del procedimiento inútil. El trabajo de los artistas no fue capaz de dar, por separado, respuestas a la fuente que sustentaba la condición de la materia. A la discusión sobre la materia prima contingente en el proceso previsor y resultante de los conceptualismos de los sesenta, el arte salió al paso requiriendo un argumento que lo salvara de la verdad unida al sacrificio de lo físico.


  El arte busca obreros para su proyecto laboral, la propuesta interrogativa actual esquiva como puede el reto de poseer cuerpos y mentes brillantes. Lo físico se manifiesta en clara consonancia con lo práctico mientras que las ideas desatan la duda en la mayoría. El arte actual ha convertido a los artistas en ejecutores de mecanicidad operativa, estos se sirven de modelos impuestos. La acción artística ha quedado, por consiguiente, relegada al gesto sin identidad, procedimientos comunicacionales, relevamientos estadísticos, concentración de información e intercambio de estrategias de marketing. Un contrasentido; por un lado cada artista emprende una tarea de concreción intelectual y por el otro anula esa potencia bajo una forma algo más vulgar: sostener como sea la acción especulatoria que preside el flujo de los cometidos operativos, en sacrificio a la verdad de la función primera que gwneró el amparo de la verdad intelectual fundante.


  Todo índice poético de una acción mundana exige otra estética, en la medida que esa relación se constituye como una suerte de verdad contingente, a la actitud desesperada de dar calor a la fuente que le dió origen. En la naturaleza del gesto empírico se aloja la concreción de un deseo en la futura acción de pensar y en la experiencia de los artistas con su cuerpo en reacción, en movimiento.


Huilén Peña

  Bajo esta metáfora del trabajo artístico se despliegan un sinnúmero de argumentos que tratan de dar sentido al trabajo resultante mismo (la obra). Las nuevas prácticas artísticas, su plan proyectual y su definición en la estructura delatan un fuerte interés por un pragmatismo intelectual (orgánico) acorde a las demandas de selección. Es comprensible que la actitud de los jóvenes artistas sea constatar el peso de su trabajo al cotejarlo –en el ámbito de las instituciones- con el de otros similares. Parece ser que existe una estrecha relación entre la concreción de un sueño (ser artista) y la incapacidad de finalmente poder serlo (a instancias de esta desazón intelectual los artistas aspiran a ocupar unos sitios regidos por la coyuntura de las instituciones y por firmamentos de los programas culturales). Esto hace que su potencia sea relegada al mínimo y sus propósitos explorativos alcancen apenas una aceptada región donde libertad, pensamiento y acción ética-estética se han convertido en conceptos muy caros de pagar.


  Durante los procesos de trabajo indefectiblemente sucede que la tarea por sostener los contenidos acusa una suerte de enigma conceptual que poco parece relacionarse con el trabajo físico. Los procedimientos de producción actual se apoyan en una inacción singular. La versión psíquica de la aplicación de un tipo de trabajo aprovecha la inacción para poder escapar de la obligación de gastar (tiempo, esfuerzo y dinero – material) en la obra pensada.


  Aquí se plantea el valor y la responsabilidad que se traslada a los objetos inventados, a los espacios planificados en relación con los esfuerzos propios en alcanzarlos. El hombre posee una experiencia, una práctica que es norma de experiencias futuras. ¿Cómo se manifiesta esa experiencia? ¿Como sí se tratara de una fuerza de choque de amplitud estética? ¿Como testimonio de una experiencia real? ¿Como síntoma de un conflicto especulativo? Más bien la experiencia del arte hace pie en la orilla más lejana, en la parcela de arena más incómoda. Bajo el misterio de la autosuperación (del hombre singular romántico) de la mano de una memoria que se funda a sí misma para dar a conocer una verdad (del hombre posmoderno) o actúa como fuerza operativa de procedimientos materiales y organizados bajo la lógica del trabajo físico. Muchas veces se pensó que el ahorro de sensibilidad no podría brindar un desempeño generoso en la consumación del sueño moderno de idea, invento y trabajo. La experiencia del artista con el trabajo manifiesta una condición que arrastra, implica, cualquier desarrollo de ideas. La precariedad de las obras de sustento formal pudo finalmente hacer que toda la historia del pensamiento visual se viera obligado a negar la experiencia, entendiendo que esa práctica rebelaría un proceso elemental primitivo sin más. La experiencia acumula su propia memoria genética, por el resultado de tentativas diferenciadas a lo largo de la historia del arte. Los artistas escapan a distinciones sobre trabajo, en cambio la acción de sus procedimientos atiende a los más variados argumentos dando vida a una experiencia hecha a medida.



El Trabajo de los Artistas


  En Metáfora de acción se encuentran expresados una serie de síntomas que a fuerza de creer, se expresan como verdades de una consciencia de la voluntad física que se piensa a sí misma. Los artistas aquí presentados participan desde sus ideas manifestando una acción estética. La discusión sobre el trabajo artístico convoca a cada individualidad para dar algún tipo de deducción sobre la fuerza motora que lo provoca. Cada una de sus obras se alimenta a base de convertir el sueño en realidad, el cuerpo en gesto material. Con el objetivo de dar alternativas a las posibles respuestas que se manifiestan en unísono. Esta expresión de deseo puede contribuir a recuperar cierta idea que crece con la práctica misma de una actividad artística comprometida; ya bien constitutiva del trabajo mismo o que deviene como cualidad posterior.



Texto de catálogo. Metáfora de acción - El trabajo de los artistas.
Museo Genaro Pérez. Abril-Mayo 2010.