CURADURÍAS

ARCHIVO. MARIANA PIRRA - ROSANA FERNÁNDEZ _ MUSEO EMILIO CARAFFA. 2011

VIDA DE IMÁGENES

José Pizarro



  Archivo bajo estructuras de conocimiento auto-inducido + Archivo gestual sustituto de la experiencia + Archivo como orden artificial + Archivo parcial de memoria + Archivo de procesos humanos


Mariana Pirra

  Todos tenemos el derecho a guardar. Guardar objetos, recuerdos, secretos. Coleccionar situaciones, manipular datos, seleccionar de la memoria, reconstruir verdad en el presente. Es una cuestión que pasa por el elegir lo que sirve y desechar lo que está de más. La condición humana de acceder a ese archivo parece algo más compleja. Que algo desaparezca no implica que haya desaparecido como inscripción en nuestra memoria. La desaparición real/material de un cuerpo no hace que su presencia “esté muerta”. La imagen adquiere una dimensión simbólica como dato de existencia. El arte compone una variedad de hechos estéticos dotados de presencia del mundo en las imágenes. Nombrar es inscribir, pensar es delatar la presencia a instancias del otro, conformar un diálogo entre mentes y cuerpos como partes de un todo individual. Parece natural el hecho de poder guardar memoria, esa que cuando uno se dispone a revisar adquiere un sinnúmero de reinterpretaciones, conviviendo con un sentido manifiesto de engendrar una vida de imágenes.


  Las artistas Mariana Pirra y Rosana Fernández poseen la naturaleza de poder/saber guardar. Sus archivos contienen la lógica que representa a cada una como mente y como cuerpo. Archivo diletante y lógico o cuerpo sensorial y conciencia de los estados. Sus prácticas se presentan como un espacio abierto a la indagación de una sensibilidad sostenida por el flujo de un archivo. Ese archivo a su vez concentra una cualidad despegada de la aleatoriedad de lo que constituye en sí como algo privado y lo convierte en pura poesía. Mientras que Rosana dispone de una neutralidad temporal en el uso del archivo, Mariana convierte sus actos de vida en mera experiencia estética, cuya función desde el principio se restringe a conformar un historial a través de la danza y el cuerpo. Podemos pensar en una memoria del cuerpo. En Rosana la memoria no asiste a un crono sintáctico, sino más bien a un impulso guiado hacia la consumación del ejercicio de guardar. El acto reprimido da sentido a la operación sustituyendo al ente citado por una mera ilusión digital, el relevo cartesiano imprime sobre los trabajos un simulacro de mente; una mente comprometida con la tarea empírica de mundo. La fuerza de la vida e s re-presentada en su estado esencial de repetición.



  Rosana Fernández presenta un grupo de archivos digitales, videos y gráficos de índice textual. Sus archivos atienden a un proceso de materialización de lo que no posee vida como la entendemos. Sus organismos contienen la capacidad de decir en tanto que textos, en enunciar en tanto que cita, en describir en tanto que narrativa de video y en negar en tanto que conforma un lenguaje sin alfabeto. Pensemos en esto: unas imágenes sin autor, de materialidad temporal en virtud de una apariencia pública. Unas imágenes que deambulan por un espacio ilimitado que si se diferencian del resto lo hacen por el rigor propio de una naturaleza de sistema. Estas imágenes contienen un dispositivo tramposo, que preanuncian a cada imagen una función dirigida, que por el estilo podrán contener el privilegio de la existencia… Cada posición que emprende la imagen es provisoria e invisible; en un futuro inmediato será suplantada por otra de similar frecuencia discursiva. En los videos -imágenes en movimiento- la discusión sobre el origen de las cosas emerge sobre la propia dinámica de la memoria, la geometría, el número y la ciencia hablan una lengua neutra al encontrar el diálogo con bio-imágenes, cuerpos desnudos, animales y plantas. Cuerpos vivos se repiten entre la latencia propia del lenguaje; ambas supervivientes rescatados de la mente que guarda para sí la cualidad de engendrar vida estética. En los gráficos digitales verdaderos espacios “atópicos” se alinean para fundar una suerte de ciudad imposible, en consonancia con la idea de arquitectura como lenguaje. El dibujo es fuente de conocimiento, rastro y huella de sistema. La resultante gráfica del empeño de construcción aleja de sí el evento evocativo de lo guardado para alcanzar un pletórico instante de sencillez. El ejercicio de deconstrucción encaja a cada elemento en su locación ideal, instante y materialidad, grupo y disociación, vida y final.


Mariana Pirra

  Mariana Pirra: Bailarina. Su trabajo es guiado por el tiempo. En esa concepción aparecen los rasgos principales de su instalación. De inmediato surge el deseo de saber por qué el cuerpo evoca la más completa de las instancias inspiradoras de la historia del hombre. El archivo aquí dispone de una posibilidad de naturaleza física. El cuerpo adquiere en el movimiento estetizado la cualidad natural que el cuerpo posee en sus funciones vitales: respirar, caminar, reaccionar. La acción del cuerpo al bailar adquiere de la fuente de su propio conocimiento la virtud de ser en función de su propia inscripción. Los datos de su archivo se componen por la excitante memoria de los sentidos, por un complejo de experiencias del gesto y por la indagación sobre la conciencia de los movimientos (provocados, simulados, repetidos). El cuerpo se encuentra con el mundo, el mundo le brinda la materialidad de los objetos, los objetos la fuente de la memoria de los movimientos, cada movimiento fases de una teatralidad. Su instalación se organiza en torno a una poesía que invade el espacio y lo cuestiona (como primera instancia) y la propia presencia de ella articulando sus movimientos performáticos de fuerte impronta teatral. A lo largo del tiempo la instalación variará su estado, modificándose en función de una acción de la propia artista. La relación entre cuerpo y espacio será sostenida por el rigor de lo pautado, por la dinámica de lo improvisado, por la nomenclatura de su presencia-ausencia. El espacio estará delimitado por cuerdas elásticas, objetos y fotografías. El espacio virtual del muro elástico cambiará cuando entre en diálogo con el cuerpo en movimiento. La propia idea de transformación como estado distintivo de la estructura de su archivo podrá ejercer su fuerza en la dinámica propia del cuerpo en función de un pensamiento vivo. Esta mutación da un sesgo a su trabajo, dotándolo de estructuras del saber dotado de un sentido casi fisiológico. Lo que el cuerpo habla lo hace por sí mismo, no hay disociación entre la experiencia mundana y la estética, porque cada conciencia de movimiento traza su dimensión lógica en virtud de una praxis estética para entender el cuerpo en el mundo.


  Archivo de mentes y cuerpos.



Texto de catálogo. Archivo_Mariana Pirra - Rosana Fernández.
Museo Caraffa. Julio-Septiembre 2011.